
El acto era presidido por el Príncipe de Asturias, que estaba acompañado por el Presidente del Gobierno, La Ministra de Defensa y diversas Autoridades nacionales y autonómicas, y con la presencia de sus familiares y público que abarrotó el recinto.
El acontecimiento se desarrolló a la perfección, sin un solo fallo por parte de los militares que intervinieron en el acto. Nadie entierra a sus muertos con más dignidad que el estamento militar.
Pero entre todos los asistentes había una persona que nos dio un ejemplo de sublime entereza, de dignidad, con el sufrimiento perenne en su rostro, y era la madre de Cristo Ancor Cabello Santana, el Cabo del Ejército Español asesinado en un País en guerra donde nuestras tropas desempeñan, dicen, labores de paz. Esta infame mentira nos cuesta ya 88 muertos.
Esa madre fue capaz de cantar "La muerte no es el final" y el "Himno de Infantería", se los sabía de memoria. La televisión se recreó en el rostro de aquella madre moviendo los labios, entonando las estrofas que tantas veces cantó su amado hijo.
No derramó ni una sola lágrima, tal vez no le quedaran en el manantial que surte el lagrimal. Estaba entera, solemne, digna; solamente se derrumbó cuando el General le hizo entrega de la Bandera y de la boina de su hijo; la besó y se agarró del brazo del General para trasladarse al coche que la llevaría el cementerio.
Cristo Ancor tenía 25 años y deja un hijo recién nacido, un niño al que su abuela le dirá algún día que su padre fue un HÉROE, que murió asesinado por unos mafiosos talibanes en un País muy lejano cuando realizaba labores humanitarias.
Pero hay algo que debo resaltar: Cristo había manifestado al Capellán de su Unidad su conversión y le expresó su deseo de ser bautizado cuando se hallaba en el Hospital de Role 2, a donde fue conducido tras el atentado.
El Capellán del acuartelamiento de Herat había establecido la fecha del bautismo del Cabo Cabello Santana para esa misma mañana y se iba a celebrar en Afganistán, en el mismo cuartel donde prestaba sus servicios. Antes de morir recibió el Sacramento del Bautismo.
Y yo, como creyente que soy, me hago las siguientes preguntas: ¿Quién y por qué se convirtió Cristo Ancor al cristianismo unos días antes de ser asesinado? ¿Por qué pidió ser bautizado unos días antes del fatal suceso? ¿Por qué sobrevivió el tiempo justo para que pudiera ser bautizado? y ¿Por qué tuvo que ser él y no otro cualquiera?
Las respuestas a todas estas interrogantes se las ha llevado el Cabo Cabello Santana al Cielo, desde donde rezará para que su retoño se desarrolle y viva en un mundo sin guerras, libre y democrático, donde no tengan cabida los que asesinan por unas ideas obtusas.
DESCANSE EN PAZ.