
Los datos expuestos en el anterior artículo cuestiona inevitablemente el “modelo social” actual porque, que a mediados de los noventa más de 35 millones de personas en la UE-14 estaban viviendo en familias en las que, a pesar de trabajar se era pobre, es la consecuencia de las políticas de ajuste neoliberal desplegadas por los distintos gobiernos europeos (el español también) desde principios de los años 80.
Dentro de la UE-14 los países donde estas políticas han conseguido imponerse con mayor intensidad (Reino Unido, Irlanda, Francia, Holanda, ...), son los que muestran precisamente tasas de pobreza salarial superiores.
Pero ¿Cuál es la verdadera razón que impulsó a que estos gobiernos realizaran estas contrarreformas al estado del bienestar? Sin duda alguna la caída de la tasa de rentabilidad empresarial que, desde finales de los años sesenta, en Europa paso de tasas superiores al 20% a tasas del 10-12%.
El capitalismo estaba ante una encrucijada ciertamente paradójica; aquellas medidas que habían permitido al sistema superar la situación pre-revolucionaria posterior a la II Guerra Mundial, son precisamente las que se constituyen en obstáculo del proceso de acumulación y valorización del capital treinta años después.
Era imprescindible recuperar los espacios que las conquistas sociales habían arrebatado al beneficio del capital, para lo cual se tendrían que poner en marcha toda una serie de políticas neoliberales fundamentadas en una masiva privatización de la propiedad estatal, una fuerte apertura externa de las economías nacionales y una liberalización y desregulación de los distintos mercados; principalmente los mercados financieros, nacionales e internacionales, y los laborales, tenían que liberalizarse y desregularizarse con carácter prioritario.
Para recuperar ese diferencial de rentabilidad se acometen dos actuaciones diferenciadas: por un lado se elimina del “corsé” que se había impuesto en la esfera de las finanzas y, por otro, una fuerte ofensiva contra las conquistas históricas del trabajo (pleno empleo, contratos indefinidos, crecimiento salarial, seguridad social, pensiones, sanidad y subsidios públicos, etc.).
Todo ello genera una potente clase vinculada al capital financiero capaz de hacer recaer sobre el mundo del trabajo el peso del ajuste neoliberal. Aparecen los inversores institucionales (fondos de inversión, compañías de seguros y fondos de pensiones) que, con su entrada masiva en el capital social de los grandes grupos empresariales, exigirán la generación de plusvalías bursátiles, en base a una transferencia de riesgos y costes hacia los asalariados.
La creciente desigualdad en la distribución de la renta entre capital y trabajo, va a favor del primero, y eso es lo que determina finalmente el surgimiento y extensión del fenómeno de de pobreza laboral.
Tres son las vías que explican cómo se debe realizar este ajuste neoliberal:
- En primer lugar el cambio en la correlación de fuerzas sociales (impulsado por la ofensiva neoliberal) permite bloquear del crecimiento de los salarios reales mediante políticas de individualización de la negociación colectiva y crecimiento por debajo de la productividad. Juntas han supuesto una reducción en el crecimiento de los salarios reales hasta su virtual estancamiento y, este “ajuste salarial”, ha supuesto que crecientes capas de asalariados (aquellas con peor capacidad adquisitiva y con menor poder de negociación sindical) hayan pasado progresivamente a situarse por debajo del umbral de pobreza.
- En segundo lugar la evolución del presupuesto público en el que se reducen los impuestos sobre las rentas del capital, se recortan de forma importante las partidas sociales del gasto público y se aumenta el pago de intereses a los mercados financieros internacionales. Los gobiernos al tener que equilibrar la cuentas públicas, compensan la disminución de la carga impositiva directa incrementando la carga impositiva indirecta (que afecta mucho más a las rentas bajas - de forma exponencial - que a las altas) y reduciendo el gasto público. Los recortes han sido además más pronunciados en las partidas sociales, lo que repercute en muchos hogares de trabajadores que pasan a situarse por debajo del umbral de pobreza, una vez que dichas ayudas han desaparecido.
- Finalmente la flexibilización y precarización de los mercados de trabajo europeos, exigido por los inversores institucionales (grandes corporaciones, multinacionales, etc.), derivados de una estrategia empresarial en la que los recursos humanos se igualan al resto de recursos productivos; lo que deriva en una flexibilización en la contratación y precariedad laboral. El incremento de la tecnología aplicada, más que mejorar las duras condiciones laborales, supone una suplantación del trabajador por una máquina, contra la que no puede competir, y sucesivas reformas laborales, en las que se reducen continuamente los derechos de los trabajadores a favor de los empleadores; y la creación de infinidad de tipos de contrato (entre los que destacan los contratos a tiempo parcial y, sobre todo, el empleo temporal, contratos basura, los de aprendizaje, etc.) han liberalizado los diferentes mercados de trabajo. Por último las políticas empresariales de externalización y subcontratación, llevadas a cabo por los diferentes grupos industriales y de servicios, han situado a los asalariados, tanto por cuenta ajena como por cuenta propia (autoempleo), en una posición de mayor riesgo de vivir en situaciones de pobreza, ya que tienen menores ingresos salariales por trabajar menos tiempo o por una mayor flexibilidad en la demanda empresarial, como es en el caso del autoempleo. Otro factor que afecta al mayor empobrecimiento de los asalariados es que la elevada rotación asociada a los contratos temporales que impide la acumulación de antigüedad y demás beneficios salariales, dentro de la lógica tradicional de una carrera profesional.
Hay otro factor que es clave entre los trabajadores en situación de precariedad; su débil poder de negociación, reflejado parcialmente en su menor afiliación sindical (que per se ya se merece un estudio en profundidad).
Quebrar la capacidad reivindicativa del trabajo mediante la mutación de las condiciones en las cuales se desarrolla la relación salarial, ha sido uno de los objetivos centrales de las políticas de ajuste neoliberal. No obstante, esta ofensiva contra el poder negociador de los trabajadores se sitúa en la base no sólo de la pobreza salarial entre las categorías laborales precarias, sino en todo el espectro laboral y social.
De todo lo anterior concluiremos que si bien hace veinte años tener un trabajo era prácticamente sinónimo de capacidad adquisitiva creciente y protección contra la pobreza y la exclusión social, la ofensiva de las políticas neoliberales contra el trabajo ha situado, una vez más en la historia, al salario como variable de ajuste para posibilitar la recuperación de la rentabilidad, esfumándose el espejismo del “modelo de sociedad del bienestar” europeo.
La transferencia de costes y riesgos desde el capital y el Estado hacia el trabajo se ha traducido en un progresivo bloqueo salarial y una creciente precariedad laboral, fenómenos que han determinado el surgimiento y extensión de los trabajadores pobres (working poor en ingles) en Europa.
Fuente: Ajuste neoliberal y pobreza salarial: los “working poor” en la Unión Europea
Bibiana Medialdea y Nacho Álvarez