!Santa Sierra de Cazorla, tienes belleza con borla! Santa Sierra de Segura, tan fascinante y tan pura! Santa Sierra de Las Villas, que tiene mil maravillas! Vuestro Parque Natural es de hermosura sin par, y nace el Guadalquivir, que en Sanlucar va a morir.

tan callada y tan sumisa
no te diste nunca prisa
en proclamar por tu bien,
que las otras siete hermanas
habran todas las ventanas
y se asomen a tu Edén.
Jaén es una provincia cuajada de singularidades (una de ellas yo) y todas a pares (mi menda y yo), fíjense si esto es así que en Linares dicen que tres cosas son dos pares. Hay dos pueblos llamados Arroyo del Ojanco e Iznatoraf a los que los lugareños llaman el Royo los Ancos y Torafe. !Toma tela!

Y para los que sean amantes de la naturaleza les aconsejo que visiten el Parque Natural más extenso de España: Cazorla, Segura y Las Villas. Más de 209.500 hectáreas de belleza sin igual, con especies de la fauna y de la flora únicas en el mundo, como la violeta de Cazorla o el lagarto de Valverde.

Ante la suprema belleza por la grandiosidad de la naturaleza en su estado puro, es imposible creer que todo aquello pueda ser fruto del azar y de la necesidad. Quienes así lo crean les aconsejo que se vayan a pescar escuerzos a la laguna de Gallocanta.
Pero, y muy a mi pesar, voy a dejar de hablarles de mi tierra para hacerlo del tío Tobalico. Había nacido en 1870 y lo recuerdo cuando tenía ya algo más de 80 años. Me contaba cientos de historias que hoy, con el paso de los años y la experiencia, no me las puedo creer. Me decía que había conocido personalmente al General Weiler, que era un militar pequeño de estatura pero con un genio de mil demonios, y que le cogió en Madrid el día que contrajo matrimonio el Rey, don Alfonso XIII y el atentado que sufrió en la calle Mayor al paso del cortejo nupcial.
El tío Tobalico presumía de bigote y desde luego que lo podía hacer ya que, partiendo del centro del labio, a cada lado se desparramaba un espeso puñado de pelos largos y fuertes, que constantemente se acariciaba. Me decía que se lo dejó cuando hacía la mili, donde conoció al General don Dámaso Berenguer, el que luego sería Presidente de la Dictadura que implató su compañero Primo de Rivera.
Claro que en la fecha en que me contaba todas estas historias yo ignoraba que el tío Tobalico había hecho la mili 8 ó 9 años antes que finalizara el siglo XIX y por aquellos años el General Berenguer debería estar de cadete en la Academia General, si es que estaba.
Sentado en la barbacana del Paseo, encendía su inseparable pipa -que él decía cachimba- y nos reunía a unos cuantos chavales para contarnos sus muchas vivencias. Recuerdo que cierto día nos dijo que iba a hablarnos de cuando estuvo en Brasil, donde había visto una serpiente de más de 15 metros de larga y llena de pelos en la parte superior. Que tuvo seis novias: dos blancas, dos negras y dos mulatas -él decía entreverás- y que a todas las dejó preñadas.
Y que el motivo de tener que abandonar aquel país sudamericano fue porque cierto día se le presentó una de las jóvenes, la de piel más negra, con un niño en los brazos, de pocos meses, diciéndole que lo tenía que reconocer porque era suyo. Aquel niño tenía un brazo negro y el otro blanco; las orejas una de cada color y seis dedos en cada mano, cada uno de distinto color.
A los muchachos que lo escuchábamos nos dejaba con la boca abierta y como él se daba cuenta de nuestra credulidad se afanaba por decir cada vez las cosas más inverosímiles y disparatadas. En otra ocasión nos dijo que el trabajo mejor remunerado que tuvo en Brasil fue el de cortador de árboles, en plena selva amazónica. Nos decía que allí los árboles miden más de cien metros de altura y unos diez de diámetro y que se tiraban seis hombres dando golpes con las hachas un mes para derribar uno.
Uno de esos días nos contaba que hallándose con otros compañeros dedicados a su faena, apareció entre el espeso ramaje un gorila con dos cabezas y que hablaba un lenguaje que nadie entendió, sospechando que sería una lengua de las que hablaban las tribus nativas. Al amenzarlo con las hachas, les hizo un corte de mangas y desapareció.
En otra ocasión nos relataba que cuando regresó de Brasil y por haberse acostumbrado al climá de allá, no pudo soportar el frío de nuestra tierra y se marchó a África. Nos comentaba que llegó a conocer una tribu cuyos hombres medían más de dos metros y que a unos pocos kilómetros había otra cuyos indivíduos no sobrepasaban el medio metro de estatura.
Podría seguir relatando historias que le escuché a este singular personaje pero este escrito se haría interminable, así que voy a finalizar diciéndoles a ustedes que el tío Tobalico el único viaje que hizo en toda su vida fue cuando se incorporó a la mili, que la hizxo en los "perineos", que es como se nombra en este pueblo andaluz a la cordillera que nos separa de Francia.