Lo de Cataluña (qué hábiles) tiene y va a tener un efecto expansivo. En Baleares ya hay movimientos para plantear consultas. En el País Vasco (Vasconia) ya tienen algunos grupos los contemplan con interés con el propósito de realizarlos allí.
¿Que España es esta en la que se cuestiona su propia identidad? Es un rompecabezas que no cuadra. No encajan sus partes, porque algunas son cambiantes o irregulares.
El pueblo llano, muy mayoritario, no se desvive por lo identitario, no tiene pesadillas que le alteren el sueño ni que el día sea un sinvivir que le machaque continuamente. ¡Si sabrá cada cual, lo que es su identidad!; y no la que le tratan de asignar organizaciones políticas o parapolíticas escudándose en una minoría, que esta sí, se desvive para alcanzar, aunque sea sine die, sin ambages el fin, la independencia.
Esta nación no está en reposo. Es continuamente cuestionada. Se derrochan enormes energías, ríos de tinta, cantidades enormes de papel, programas, debates, manifestaciones, comunicaciones etc.; pongamos que un alto porcentaje de lo hablado y escrito tiene algo que ver con la estructura de los territorios del Estado español, del que muchos abandonan el referente a España como si no existiera.
Se quiso formar, haciendo un gran pacto territorial para acabar con un problema secular exagerado del poco encaje e incluso animadversión hacia la nación, y se hizo con la construcción del Estado de las Autonomías. Y quizá ha sido peor el remedio que la enfermedad crónica (para algunos solamente), pues se está demostrando que no es un modelo estable (¿será por su artificialidad?), sino todo lo contrario, son entes que aunque se quieran conjugar nunca alcanzan un equilibrio estable; siempre habrá fuerzas de distinto signo que desequilibren para alcanzar un nuevo equilibrio, pero transitorio, provisional, y al menor descuido se vuelca hacia un lado o hacia otro, o mejor hacia un lado más que hacia otro, pues hay una tendencia de fuerzas ocultas intangibles colectivas subliminales que se decantan hacia la disgregación, es como un rompecabezas que no puede cuadrar al ser las piezas irregulares y sobre todo de forma cambiante o indefinida y así el encaje es imposible. Y otra vez a acomodarse en un nuevo equilibrio, pasajero, otro poco hacia el mismo lado, y así indefinidamente, hasta que el equilibrio no se pueda recomponer y se rompa la estructura.
Y es que la tendencia dirigida , influenciada, provocada conduce a favor de la corriente, al ser más golosa, más atrayente (si se contemplan con simpleza), LO CERCANO; a los ciudadanos les importa más su ciudad que otra, su barrio, su casa y no digamos su vivienda; por lo que, los que predican pequeñas patrias y el derecho a decidir su futuro, lo tienen más fácil, más a su favor que el predicamento de algo más grande, más distante.
Y ahora se declaran independentistas los que aprobaron sus estatutos, porque dicen que están superados (¿es que cuando se aprobaron, no se trataba de superarlos?) e incluso a nivel de territorio autónomo se aprobó la Constitución y han estado tantos años en la ambigüedad. Esa indefinición ha causado muchos males, ¿no se podrían haber evitado si hubieran puesto sus pretensiones con claridad encima de la mesa desde el principio de la Transición?. Y todo por haber troceado España en Autonomías políticas creyendo que así iban a aplacar a los independentistas que no lo aparentaban entonces, pero las utilizaron para arrancar en un proceso largo pero continuo hasta conseguir su ya (no disimulado) fin último, abandonar España.
Las Autonomías indefectiblemente tienden: primero, a engrosar, ha engordar, a crecer en competencias (aunque tuvieran todas las legales, siempre quedaría algo para seguir reivindicando), a aumentar en cargos, a incrementar o inventar y reafirmar identidades, y con todo eso aderezando al concepto pueblo las pequeñas patrias, y de ahí a nacionalidad, y más tarde nación. Ya nación, y ¿sin Estado?, eso es un despropósito, una incongruencia, eso no puede ser, así no se puede seguir, y luego el derecho a decidir su futuro; los cargos políticos “tiran” mucho, un consejero pasaría a ser ministro, un presidente autonómico a presidente estatal, en su totalidad todos suben un grado. Con la independencia eso está hecho. Y mientras tanto y no se sabe hasta cuando, la España inconformada está condenada a un continuo tira y afloja (situación actual en algunas autonomías o nacionalidades o naciones, ¡cuando ni lo que son se tiene claro!)
La clave la presentan con el derecho a decidir, expresión entera, muy redonda, plena de democracia, pero que habría que matizar y sobre todo, como en casi todo, poner los límites. Si se piensa, hay muchas cosas sobre las que no se puede decidir: que llueva, que se pare el tiempo, que gane un equipo, que se circule en sentido contrario, … son ejemplos obvios; en otros casos no se puede decidir en algo que invada derechos de otros: una persona no puede colarse en una cola de espera, una ciudad no puede ser cercada y cobrar por entrar en ella, los ciudadanos de una provincia no pueden decidir no pagar los impuestos, los de una región no pueden decidir poner frontera en ese territorio, etc.. Pero claro llegamos a las Autonomías con sus gobiernos deseosos de alcanzar la autonomía total en el sentido de no depender del Estado, y entonces se alega lo del derecho a decidir su futuro sin considerar que una parte no puede decidir en algo que afecta a un todo. Un vecino no puede negarse a pagar el ascensor, ni de hacerse una escalera de entrada exclusiva para su vivienda, ni hacer una obra que afecte a la estructura de la casa. Claro que para salvar eso, antes se ha tratado de imbuir la idea de pueblo, (no digo raza), cultura con su folklore, identidad, de forma tan extrema que se haga sentir que se está fuera de ese todo y así considerarse poseedor de lo suyo, y que lo que haga o decida no le afecta a otros, que es cosa solo de ellos. Y entonces se encuentran con lo oficial, la gran barrera, la Constitución, la ley suprema, ley de leyes de cómo se constituye y conforma el Estado. España es indisoluble.
La Constitución fue aprobada en toda España (de esto no se habla y es muy importante) y por tanto hay que cumplirla y respetarla. ¿Qué dicen los nacionalistas vascos?: que allí no se aprobó, que la abstención fue muy elevada. ¿Y qué?, la abstención no cuenta, no se le puede asignar ni al Sí ni al No, sale de la indiferencia a votar o de dejar los asuntos en lo que voten otros o de no querer molestarse, y todo eso no es para nadie, así como los votos en blanco que son debidos a múltiples razones; el que se quiso oponer a la aprobación tenía la oportunidad libre sin cortapisas de expresar con su voto la negación. Por lo tanto la Constitución fue consentida, fue aprobada.
Se constituye un nuevo Estado, y este organiza su territorio, hace las infraestructuras para todo él, se declaran las libertades de residencia, de la lengua a expresarse, etc.. Por eso es un todo y una parte tiene un límite en su decisión por afectar al conjunto. Otra cosa sería que a solicitud de una parte, el todo este de acuerdo (por lo que sea, hartazgo, cansancio, quedarse más tranquila) y previa modificación de la Constitución (con la misma potestad con que se aprobó) para que se pueda segregar ese territorio o que según, constase, bastase solamente con la mayoría de la parte. Claro que también es problemático, y se plantean muchas interrogantes ( si se observa más a fondo) ¿que territorio, que entidad alcanza el derecho por sí solo?, pues si un barrio, una ciudad, una provincia, quiere permanecer unida y no separarse de España ¿no tienen derecho a decidir igualmente su futuro?
De tal modo que lo que quede del tejido nacional, lo sea sin fisuras, se sientan formar un solo cuerpo, sin que pase por el pensamiento siquiera; esto sería para todos una España, de nadie más de nadie, cuajada, sin atisbos siquiera de otra cosa, indiscutible por no haber nada que discutir, asumida sin condiciones al ser las mismas para todos y sin resquicios, sin condiciones; eso sería la España genuina, sin sospechar siquiera reticencias de pertenencia, ni de portar su bandera o cantar su himno aún sin letra (así sería más fácil hacerla al desaparecer la imposible asunción de los que andan en la ambigüedad o el rechazo y entonces se sintiera exactamente igual en el último rincón de la nación. ¡Pero qué bonito y agradable es pisar cualquier lugar y apreciar que alrededor se siente lo mismo vengas de donde vengas o vayas a donde vayas del territorio patrio!
¿De donde vienen estos propósitos y despropósitos, esta marea mareante? … de la Autonomías políticas. ¡Y pensar que se hizo una Constitución que contentase y contuviera las ansias de todos! Visto el devenir - ¡qué ingenuidad! -ahora aflora que había intereses y deseos ocultos, que era simplemente un paso y no una ley de leyes estable, al menos para algunas generaciones. Algunos padres de la Patria quizá adolecieron de inocencia, y con buena voluntad creyeron que aplacarían los ánimos e inquietudes de algunos (que posiblemente el pueblo no las tenía) estableciendo regiones y nacionalidades. ¿Y qué?, pues que se cerró en falso, que no resolvía un problema. Problema que no parece que existiera a ras de suelo, para la grandísima mayoría de la población, sino más bien que lo abría, donde no lo había; no se palpaba un clamor popular como aducen representantes políticos que viven por y para la política dentro del marco constitucional para romperlo.
La razón, motivo o base fundamental inicial que justificaba las autonomías era que había que DESCENTRALIZAR (“palabra mágica solucionadora de todos los males hispánicos que ha ocasionado un Estado centralizado”) y efectivamente que el término tiene una poderosísima fuerza por lo de acercar la administración al ciudadano. Sin contestación para la descentralización. Pero el gran fallo, por donde luego cruje, es hacerlo por la vía política. DESCENTRALIZACIÓN, SÍ, SÍ, pero ADMINISTRATIVA, no política con 17 gobiernos con sus cargos, diferencias, tensiones, repartos, insatisfacciones; todos inquietos por estar por encima de la media, cuando forzosamente habrá de haber siempre 8 por debajo. Al ser autonomía política, es devoradora, engordadora; desde pequeña que es amparada amparada, se desarrolla para alcanzar la madurez, para vivir sin tutela, sin cautela, por tendencia natural a volar sin custodias, a ejercer el derecho a decidir su futuro, sin mesura, a independizarse, a ser un nuevo Estado, el summun, estar en Europa sin complejos, ¡a ver cómo se frena esta ansia colectiva!.
Cuantísimas energías se gastan en vano, remando cada cual en su dirección, ¡cuanta tinta y palabras desperdiciadas, programas, debates, enfrentamientos y todo infructuoso, solo como entretenimiento de un culebrón que solo favorece al que prevé el final. Jugando a su favor por agotamiento, por agitación, para que, aunque sea por agobio se alcance la calma con la rotura, con la disgregación. y que cada cual siga su destino. Única forma de que lo que quede, quede bien unido por convencimiento unánime y se autollame declaradamente sin complejos y con orgullo España.
Y luego ante los que ven lo que viene, les dicen como recriminando
- ¿es que España se ha roto?.
- no, no se rompe de golpe, pero se está descosiendo – nadie responde y menos continúa
- y además es lamentable estar siempre sin asentamiento, sobre tierras movedizas ¿no es preferible pisar sobre tierra firme, quede la que quede, la que quiera serlo?
Incluso examinándolo desde el punto de vista económico, ¿se han parado a considerar analizando con detalle las secuelas de la independencia? ¿han sopesado las consecuencias? y más si la verdadera España que quedase, no mantuviera relaciones con los que se disgregan y renuncian a estar en ella constituyéndola? ¿Y si se incomunica con quienes ha renegado de ella?
¿Habría luego marcha atrás?
Y si les va bien en su balance y en el de aquí también. Pues magnífico.
Todo esto daría para otro artículo de opinión a poco que juegue un poco la imaginación.
Antes era lo de “Una de las dos Españas ha de helarte el corazón” que decía Antonio Machado; y ahora no llega ni a una.
¡Ay! ¡esta España cruda y sin hacer!.
Y fuera esta nevando, mansamente; sin identificar ni discernir fronteras.
Es una posible opinión
Cordial
Antefaz